Envejeciendo adaptandonos al paso del tiempo

No te detengas

(…)

Cuando por los años no puedas correr, trota.

Cuando no puedas trotar, camina.

Cuando no puedas caminar, usa el bastón…

¡Pero nunca te detengas!

Anónimo

                Consideramos fundamental preguntarnos: ¿cuándo comenzamos a ser Adultos Mayores (AM)?; según Fernandez Ballesteros comenzaríamos a ser considerados AM a partir de los 65 años de edad. Sin embargo, ¿es tan sencillo considerar que luego de los 65 años comenzamos a ser “viejos”? Definir lo que es vejez es complejo en tanto no podemos limitar el concepto solo a lo cronológico, sino considerar diferentes factores que influyen y determinan el término (Fernández-Ballesteros, 2000).  

               El envejecimiento es un proceso natural e inevitable, debido a que todos los seres vivos envejecen, por tanto, no se analiza como una enfermedad, sino como un proceso de vida que se debe aprender a vivir y disfrutar (Fernández-Ballesteros et al., 1999).

             La vejez, es tomada como la última etapa del desarrollo humano previa a la muerte  (Berger, 2009), debido a esta asociación entre muerte y vejez, en palabras de Flores Colombino (1993), despertaría “sentimientos extremos de amor y temor, anhelo y rechazo, crecimiento o deterioro” (p. 5).

                Consideramos de esta manera, a la vejez como una etapa que comienza en un momento y al envejecimiento como un proceso que se presenta a lo largo de la vida, que representa una continuidad en su existencia, donde las personas no envejecen de la misma forma, sino que cada individuo atraviesa por una trayectoria evolutiva única a partir de su herencia genética, de su historia de aprendizaje, de su estilo de vida e historia particular (Fernández-Ballesteros et al., 1999; Antequera-Jurado y Blanco, 2005 y Losada, Márquez.

y Pérez, 2005).

            Basándonos en el concepto de envejecimiento primario se puede plantear que las personas a medida que envejecen, van percibiendo a nivel biológico determinados cambios. Es importante que las personas puedan ir adaptándose a ellos para mantener lo más normalmente posible su vida. Como plantea Fernández- Ballesteros (2000) “la vejez  psicológica es el resultado de un equilibrio entre estabilidad y cambio, y también, entre crecimiento y declive” (p.40).  Consideramos fundamental entonces, acudir al concepto de Optimización Selectiva por Compensación (Antequera- Jurado y Blanco, 2005), este factor es esencial para que la persona -a partir de los cambios que se producen en la vejez- pueda ir adaptando su vida de la mejor forma posible. Como plantea Ferrero (2001), aun cuando muchos de los cambios vitales experimentados en las edades más avanzadas de la vida consisten en pérdidas (o eventos no deseados), la mayor parte de los ancianos los sobrellevan efectivamente. Según Baltes y Cartensen (1996, en Cavalli y Lalive, 2009), las pérdidas inducen estrategias adaptativas de selección, optimización y compensación. Además, la habilidad para adaptarse a estas posibles pérdidas, tiene un impacto positivo sobre el bienestar del AM.

                Las modificaciones y pérdidas obligan al anciano a ir reformulando el concepto de sí mismo y de su propia identidad. Esta reformulación puede hacerse de una forma positiva y satisfactoria o que genere malestar, sufrimiento y mala calidad de vida o que incluso potencie, secundariamente, su deterioro físico y/o mental. Es por tanto, determinante poder maximizar los recursos personales y sociales que ayuden al anciano a afrontar los cambios de modo que le permita tener un adecuado nivel de bienestar (Antequera- Jurado y Blanco, 2005).

                Según los resultados aportados por el trabajo de Blumstein (2008) encontramos que “cuanto más activa es la persona, mayor bienestar logra, así también cuanto más positivo es su autocontrol mayor fue su nivel de bienestar” (p. 56). Aunque la persona presente cierta limitación física es importante que siga activa adaptándose a lo que puede y no puede hacer en su vida diaria.

                Al decir de Fernández- Ballesteros (1999), la felicidad es “una experiencia interna de un estado positivo de la mente” (p. 190). En relación a esto resulta particularmente relevante el constatar que muchos estudios sobre felicidad coinciden en mostrar que la satisfacción con la vida no disminuye con la edad, sino que, en algunos casos aumenta.

                Los seres humanos no solo somos seres biológicos y psicológicos sino que también influye en nosotros la cultura (Fernández-Ballesteros et al., 1999). Los cambios morfológicos que ocurren dentro del envejecimiento influirán en la forma en que el sujeto se percibe, pero serán los cambios ambientales y sociales los que ejercerán mayor presión para hacer que el AM asuma y adopte su rol (Antequera- Jurado y Blanco, 2005). Como consecuencia de las expectativas sociales respecto al rol esperado en la vejez, la persona suele adaptarse a esas pautas de comportamiento y por lo tanto, puede ver entorpecido su propio proceso de envejecimiento -que es individual- y que depende de una multiplicidad de aspectos personales, de condiciones psicosociales y de expectativas de vida previa (Sánchez Palacios, 2004).

                Para Sánchez Palacios (2004) “en la mayor parte de los estudios se ha demostrado la tendencia al auto cumplimiento que los Estereotipos sociales tienen en las personas a las que se dirigen” (p. 2). De esta manera, vemos cómo las personas de edad avanzada se ven influenciadas por los Estereotipos Negativos. Según Bazo (1990) la vejez en nuestra sociedad es fuente de aversión para la población general y para este grupo etario en particular, debido a que han incorporado una serie de representaciones negativas sobre el envejecimiento.

      Así mismo, existe una enorme influencia de los medios de comunicación, quienes constantemente presentan Estereotipos respecto al envejecimiento. Un estándar social considera que la belleza es la preservación de la juventud. Esto claramente vuelve a las mujeres especialmente vulnerables ante el miedo de envejecer. Se puede apreciar a su vez,

como los medios de comunicación continúan “bombardeando” con publicidad para cirugías cosméticas, coloración de canas, crema antiarrugas, píldoras, pociones y dietas, que asegurar ocultar el envejecimiento. Entre 1997 y 2002, la cirugía plástica cosmética aumentó en un 125 por ciento en Estados Unidos (Papalia, 2001 y Brandolín, 2006).

                Según Fernández-Ballesteros, et al., (1999) “son los roles sociales y laborales los considerados el principal marcador de la vejez” (p. 14). Podríamos considerar entonces, según la autora, que la vejez es la etapa de la vida que (en países desarrollados) empieza con la jubilación. Sin embargo, resulta un problema porque estamos atribuyendo una condición social como elemento clave para definir la vejez.

                De esta manera, como explica Freixas (1997), si consideramos las costumbres culturales de las personas que actualmente son AM, encontramos una división de los roles de sexo claramente marcada, donde las mujeres se encargaban más de las tareas del hogar y el cuidado de sus hijos y los hombres se dedicaban al trabajo, lo cual genera que ante la jubilación, sea él quien pueda pensar en una pérdida de algunas características más sobresalientes de su rol y por tanto, percibirse limitado para trabajar y para el relacionamiento social.

               De esta manera, encontramos que existe gran influencia de los aspectos sociales en el proceso de envejecimiento. Así mismo, según Papalia (2002) quienes logran envejecer exitosamente tienden a conservar el apoyo social, tanto a nivel emocional como en lo material y en tanto permanezcan activos y productivos, no se piensan a sí mismos como ancianos. Debido a lo cual, según Rodríguez, (2008) los AM son una parte importante de nuestra sociedad, útiles en búsqueda de crecimiento y fortalecimiento social.

              Es entonces como plantean Aliaga y Belenguer, (2000), las políticas de salud a nivel internacional van orientadas a un cambio en la concepción de la vejez, considerando a ésta como una etapa de vida activa, en la que se puede lograr el máximo de autonomía individual y la posibilidad de la autorrealización. En el caso de que el adulto mayor considere que se siente desmotivado con respecto a su futuro debe consultar con un profesional calificado (geriatra, psiquiatra o acompañante terapéutico) quien le brindara las herramientas necesarias para poder mejorar su calidad de vida.

Licenciada Ps. Claudia Pollara

Bibliografia 

– Antequera- Jurado, R. y Blanco, A. (2005). Percepción de control, auto concepto y

bienestar en el anciano. En, Salvarezza, Leopoldo (Ed.), La vejez. Una mirada

gerontológica actual (pp.95-124). Buenos Aires: Paidós

– Baron, R. y Byrne, D. (1998) Psicología social. Madrid: Prentice Hall

– Berger, K. (2009). Psicología del desarrollo. Adultez y Vejez. Madrid: Panamericana

– Blumstein, B. (2008). Relación entre estereotipos, bienestar subjetivo y actividad en

adultos mayores pertenecientes a la Colectividad Judía del Uruguay. Memoria de

grado. Montevideo: Universidad Católica del Uruguay

– Cavalli, S. y Lalive, C (2009). Cambios percibidos en el curso de la vejez más avanzada.

– La vejez más avanzada: un estadio azaroso de la vida. Cambios percibidos y su

relación con la salud, el bienestar y las actividades. En, Chapot, S; Guido, P;

– Lopéz, M., Mingorance, D., y Szulik, J. (Ed.), Temas de psicogerontologia.

Investigación, clínica y recursos terapéuticos (pp.1-18). Buenos Aires: Akadia.

– Claudia, P. (2012). ¿Presentan los Adultos Mayores institucionalizados Estereotipos Negativos sobre la vejez? Avances de un estudio exploratorio con residentes institucionalizados de Montevideo, Canelones y Maldonado. Memoria de grado. Montevideo: Universidad Católica del Uruguay

– Fernandez- Ballesteros, R., Moya, R., Lñiguez, J., y Dolores, M. (1999). ¿Qué es la

psicología de la vejez? Madrid: Biblioteca nueva.

– Fernandez- Ballesteros, R. (2000). Gerontología social. Madrid: Psiología Social

– Flores Colombino, A. (1993). Los 40 nombres de la vejez. Montevideo: Monte Sexto.

– Losada, A., Márquez, M., y Pérez, G. (2005). Habilidades y conocimientos necesarios para trabajar con personas mayores. Universidad Autónoma de Madrid. Facultad de Psicología: Portal Mayores. 32, 2-19 Consultada el 12/05/12 ,

– D. (2001). Desarrollo Humano. Bogotá: McGraw-Hill

– Rodríguez, M. (2008). La percepción de la persona adulta mayor en la sociedad romanense actual. Revista Pensamiento actual. 8 (10) 30-39

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