Mientras camino por la vereda no logro cruzarme con una mirada directa, si veo cabezas inclinadas hacia los dispositivos celulares ¿dónde están esos ojos o miradas que nos hacen tan diferentes?
En la intimidad de los hogares y los Centros de trabajo estamos viviendo en estos últimos años diferentes formas de vinculación, recreación y aprendizajes. Soledades, distanciamientos, superficialidades, comunicación, incomunicación, entre otros son los cambios que predominan.
¡Hoy más que nunca debemos prestar atención! El conocimiento y la comunicación también pasan por el encuentro. La humanidad se construye en la interacción con los otros. Sí, aún nos necesitamos. Nuestros hijos y jóvenes se están distanciando de una forma rapidísima. Vivimos una gran necesidad de ser aprobados, de competir y ganar, una búsqueda de identidad, placer, desafíos y enfrentamientos, aspectos que hoy están siendo reemplazados por varios mecanismos o dispositivos virtuales.
A las Familias: les propongo invitar a todos los integrantes de la casa hacer una pausa. Vamos al encuentro de todos y luego hablaremos acerca de cómo nos sentimos.
Como la “Noche de la nostalgia”, comparto algunos puntos claves para no olvidar:
● La cama es un lugar de descanso. Cuando sea el momento de dormir, despídanse sin redes.
● Conectados casi todo el día, No; desconectados a veces, Sí. Busquen el equilibrio y el momento adecuado, ya saben a qué me refiero.
● Tómense unos minutos libres y compartan una comida durante el día.
● Jueguen muchísimo al aire libre: algunos deportes: fútbol, handball, basquetbol y juegos como el poliladron y la mancha. Y si el tiempo no acompaña, un juego de cartas.
● Escuchen música y bailen, si quieren. Pinten o modelen
● Salgan de caminata, aprendan a andar en bicicleta, no es tarde.
● Ayuden a los demás.

Vivimos en un mundo donde las tecnologías forman parte de nuestros hogares, sin embargo retomemos estas experiencias vivenciales y encontremos la paz y felicidad junto a los otros. ¿Qué estamos desarrollando?, una parte importante de la Salud Mental, la Inteligencia Emocional. Es decir, mis relaciones con los demás, conmigo mismo y con el mundo. La empatía, la frustración, la paciencia, el amor, entre otras características más.
Los invito a reflexionar sobre una frase final que nos interpela directamente en este momento tan especial. Una gran persona dijo: “Los que tengan oídos, oigan.”
Psic. Terapeuta Cognitivo Conductual. Mtra.
Danitza Vega

