¡Poniendo las emociones a jugar!

Mica tira una carta y lee ¨me siento importante cuando…» Compartimos el momento entre silencios y risas. Por un lado, la emoción del juego y la competencia, y por otro, rara vez la  escuchamos hablar de estos temas. De hecho estos temas no suelen tocarse tan explícitamente en familia. ¿Y por qué no?  Mica tiene 7, y juega a uno de los juegos más divertidos que ofrecemos, las Cartas de Autoestima. Estas son una especie de Camaleón o Uno, con frases incompletas en relación a su autoestima.

          En lo cotidiano solemos trabajar con los niños de la casa sobre su autoestima, cuando les reforzamos sus esfuerzos o logros.  También enseñamos  la empatía, cuando nos mostramos preocupados los unos por los otros y somos capaces de reconocer que los estados mentales del otro, son distintos de los nuestros. Y tratamos de leerlos, de compartirlos. Mostramos y enseñamos la comunicación asertiva cuando nos hablamos con ellos en estos términos, explicándoles de manera respetuosa nuestro punto de vista. Sabemos que muchos de los temas que traen nuestros juegos son temas que están (o deberían estar idealmente!)  implícitos en la dinámica del hogar.

          Sin embargo, entre tablets, playstations y (ni hablar del tiempo que nosotros, los adultos, tenemos tomado por trabajos, sociales, celulares etc.) a veces cuesta conectar con estos temas, en parte porque ni nosotros mismos, los adultos, podemos del todo enfrentarlos y regularlos.

           La idea no es demonizar la tecnología, ni a las dificultades que podemos enfrentar como referentes, pero si entender que en ocasiones hay distractores, y que como adultos responsables debemos al menos ser conscientes de ello para proponer (aun que sea a veces!) propuestas distintas, que tiendan a conectarnos.

     Cuando desarrollamos Nunchi, vimos rápidamente repercusiones en profesionales del área de la salud, especialmente psicólogos que utilizan estos juegos en consulta para trabajar autoestima, educación emocional, resolución de situaciones problemáticas cotidianas, comunicación asertiva etc. Sin embargo, creemos que la riqueza de nuestros juegos está en que estos puedan ser utilizados en casa. Por qué dejar estos temas para la terapia, o la escuela/liceo? Soñamos con una familia que se tome un rato para después de la cena jugar con el relojero de las emociones, y ver que situaciones los hacen sentirse nerviosos, felices, tristes o enojados. Nos gusta pensar en un padre que sí juegue con su hijo/a al play, pero que también pueda sentarse y jugar  una partida del semáforo, y aprender que para cada problema hay una emoción asociada, alternativas para resolverlo y que eso lleva un pienso y no actuara impulsivamente.

Nos emociona la imagen de una familia jugando con las cartas de autoestima, como Mica la semana pasada, divirtiéndose pero también pensándose a sí misma y a los demás.

Esos juegos nos conectan, y eso es a lo que aspiramos.

Licenciada Psic. Marcela Sur

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